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Ayer, en contra de todas mis previsiones, cumplí cien años.

La celebración fue por todo lo alto, eso sí reducida a familiares y un selecto grupito de amigos.

De mis seis hermanos, he de confesar que tengo debilidad por Olimpia y Cornelia, aunque siempre estemos haciéndonos reproches, yo las acuso de no escribir para mi blog, ellas pasan totalmente de mí.

Tuve la suerte de que pudieran asistir a la comida y los posteriores juegos florales, mis dos hijos y mis nueve nietos. Yo que pensé que no tendría nietos, pero luego mis chiquillos se pusieron a la faena y hemos llegado a tiempo.

Además de mi aniversario, se cumplían 37 años de ser pensionista, también estuve 37 años en activo, prestando servicios a la administración, hasta que un par de enfermedades crónicas y una proposición indecente, no sexual, aconsejaron mi retirada. Súmale a eso que mi blog, cuentecicos.es, había llegado a las cien entradas y verá que había motivos para la celebración.

Pese a las restricciones nos juntamos 97 personas, en el salón de banquetes, de los hermanos Pardo. Comimos y bebimos de categoría, ¡Chéeeeee! Juanito Pardo intentó hablar, pero los asistentes, muchos de los cuales le conocen, y saben de su tendencia al enrolle, lo abuchearon, Juanito se rindió, nos sirvió gratis un par de copas…

Tras la tarta y los cánticos de rigor, recibí muchos obsequios: un bastón nuevo, el que llevaba tenía casi cincuenta años, unos prismáticos de los buenos, una caja de pinturas Alpino y un paquete de 50 rotuladores marca Carioca. Como no podía ser de otra manera, me obsequiaron con un par de corbatas y una botella de medio litro, de colonia Álvarez Gómez.

Para mi gusto el momento cumbre de la sobremesa fue una partida monumental de diccionario, esta vez no había nadie buscando palabros, los generaba automáticamente un algoritmo creado por el menor de mis hermanos, 87 años a la espalda, y descargable en cualquier móvil de mala muerte.

Nos distribuimos de forma aleatoria formando equipos al azar, la mesa más grande tenía 19 miembros, la más pequeña 4. A mí no me dejaron jugar. Me concedieron, inmerecidamente la presidencia del jurado.

Al final, la mesa de 4 ganó. Estaba integrada por auténticos profesionales de la palabra y la edición: Bego Rivera, la alegría de la huerta escribiendo, Cris Moreno editora de postín, Dª Irene Adler maestra del cuento histórico y D. Alfonso Fernández Pacheco, autor galardonado, recientemente con un Nadal, por su novela: Asesino en serie. Todos ellos, yo también, miembros del Grupo de Escritura Creativa Cuatro Hojas, amantes de la escritura y la palabra.

Sobre las 8 de la tarde apareció, una vez más, Juanito, me lanzó una mirada convenida, me levanté, pagué con mi tarjeta oro marca Acme y nos fuimos cada uno a su casa y Dios a la de todos.

Y colorín colorado este cuentecico, — familiar–, ha terminado.

Jose Taxi & Josma

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