La rebelión de Cornelia.

La rebelión de Cornelia.

Cornelia se quedó mirando a través de la ventana, pero no veía nada en especial. Era algo muy habitual en ella cuando estaba pensando o analizando. Se sentía extraña desde hace un tiempo, no sabía a qué podía responder esta situación, al principio no la comprendía, porque más que encontrarse más cerca de los 60 que de los 50, su sensación vital era como si tuviera 13 años, con todo lo que conlleva la edad y la creencia supersticiosa del número.

No le importaban los cambios en su cuerpo como le habían agobiado en su adolescencia, al contrario, los aceptaba, intentaba mejorar su aspecto e incluso, sacar el mejor partido de su edad no haciendo visible lo que había empeorado, de lo cual era totalmente consciente. Lo que más le recordaba a un adolescente era la imperiosa necesidad de decir “no” a lo que antes había sido un “sí”, ya implícito antes de responderlo.

Pero… ¿qué estaba pasando?, tenía el sentimiento absolutamente adolescente de que nadie la comprendía a su alrededor: “pero, qué cosas dices”, “tienes una forma de decir las cosas…”, “era mejor que no lo hubieras dicho hoy, tal y como estabas”. A la incomprensión, más propia de la adolescencia que de la madurez,  le añadimos sus absolutas ganas de no hacer lo que ya se había constituido como sus obligaciones, nos encontramos con que Cornelia había vuelto, sí o sí, a su etapa adolescente siendo ahora su familia la que le exigía un “comportamiento” porque no comprendían nada de nada de lo que estaba pasando.

Ante tal situación, decidió que necesitaba rebelarse y autoafirmarse, porque no lo había podido hacer en su vida, con lo cual pensó ¿empiezo por un pendiente en la oreja?, ¿mejor unos cuantos? Pero realmente no tenía 13 ni 20 años, y aquello no sabía si le iba a ayudar en su nuevo planteamiento de vida, estaba segura de que, con un símil taurino, aunque no le gustaban los toros, había que coger la situación por los cuernos, y muy fuerte. Iba a ser una dura etapa de ganancias y de pérdidas, porque en la vida todos ganamos y perdemos, de incomprensión y de dolores, pero estaba dispuesta, por lo menos, a comenzar.

Cornelia.

 

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