¡Amado… Amo!

¡Amado… Amo!

(62) Rata de dos patas | Paquita la del Barrio [Música y Letra] – YouTube

Entre los días 20 y 22 de diciembre de 2021 recibí una llamada, estando en la farmacia, a la captura de la medicación que se me había terminado, de pronto sonó el móvil y, por educación, salí a la calle y contesté. Era mi casero, al que llamaré: Sr Carlos, pues ni tengo la confianza suficiente para referirme a él como Carlos; ni jarto de vino, se me ocurriría mentarlo como D. Carlos.

No negaré que había tenido ya algunos roces con él, mis hijos lo habían soportado, cuando me buscaban mi tercer piso en alquiler. Y es que mi vida había estado llena de altibajos emocionales y soy algo más que bipolar.

El Sr, Carlos me llamaba para discutir el tema de la nevera estropeada, esa llamadita marcó un antes y un después en nuestra relación Tres meses después de mi primer aviso, me dijo:

— Me han hecho saber que tienes un problemilla con el frigorífico.

— ¿Problemilla? ¡Ninguno! Sólo que el cacharro ese no funciona. —Y es que para Chulo Yo–, se descongeló hace unos días, estuve más de una hora recogiendo agua del suelo, Y lo peor ha sido que las inyecciones que me pongo para la artritis, caducan a la media hora de quedarse sin frío, tres unidades a seiscientos pavos, me debes casi mil euros, tú mismo…

–Bueno tranquillo, he encontrado una solución, te compras tú una nevera y cuando te vayas, te dejo que te la puedas llevar.

— ¿Dónde quieres que me la lleve, al cementerio? Y enervado por su solución, le colgué.

Para calmarme me acerque al bar del negro Manuel, por última vez, y pedí un cuartillo de clarete, me gusta menos que la cerveza, pero el gas que lleva ésta, me sienta como un tiro.

En esas estaba, cuando inesperadamente volvió a sonar mi teléfono móvil. Era de nuevo el Sr. Carlos. En esta ocasión empezó diciéndome:

— Veo que no te ha gustado mi solución.

— Pues sí, has visto bien.

— Yo creí que era una propuesta bastante, justa.

— Pues esta vez te equivocas, Carlitos. ¡Ah y no me chilles!

— No te estoy chillando, sólo he hablado fuerte, cuando estabas en la calle.

–Si Sr. Carlos, sí. Lo que quieras, campeón. ¡Mira! te voy a hacer una contraoferta. Tú no me instalas una nevera nueva, y yo te demando, y hablo con mi hermano que es periodista de tronío, y entre ambos nos encargamos de que no vuelvas a alquilar, nunca más,  tu jodido piso,

He de añadir que lo que más me atacaba era oír a la Señora del Señor Carlos, dándole instrucciones, sobre lo que tenía que decir, para refutar mis argumentos. Acción que me hizo volver a la cerveza, en ese punto yo, he de reconocerlo, estaba más que alterado.

— Ah chavalín, y de paso te reclamo lo de la mesa de la cocina, que de desencolada que está, parece que vayamos en barco.

Esta vez colgó, él. Ignoro si siguiendo las instrucciones, de la víbora de su mujer, o de motu proprio.

No tardó más de cinco minutos, en volver a llamarme.

— Mira que lo hemos pensado mejor, ¿Si te mando la nevera y una mesa nueva, tú que eras?

— Carlos yo haré, a partir de ahora, SIEMPRE, lo que más me convenga.

— Bueno pues yo cumpliré mi último compromiso.

— Ni que fuera el de Caspe, ¡Bicho inmundo!

Ahora se le notaban a él los nervios y volvió a colgarme el teléfono…

La nevera llegó a los quince días, naturalmente era de una marca peor.

La mesa de la cocina fue arreglada, el pasado mes de abril, tras unas 33 reclamaciones más.

En fin, todo un amorcito, el Sr. Carlos y la santa Sra. del Sr. Carlos

Y colorín colado, este cuentecico se ha terminado.

 

Josma

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