CON UN PAR…

CON UN PAR…

Con un par de colmillos por cabeza, la manada camina lentamente por la sabana africana. Va encabeza por Lolas, la más mayor del grupo, las que más elefantitos ha dado de mamar.

Cierra la comitiva, el gran macho “enkulu yeduna”, llamado así en africano, para asegurarse de que ningún depredador consiga cazar a ningún miembro del clan.

Como cada siete años, se dirigen al lago Victoria, dependiendo de dónde parta su camino, llegan a recorrer hasta 7.000 Kilómetros.

¿Por qué lo hacen? Ese es un misterio que todavía no nos ha sido revelado.

En tan largo viaje, los arbustos y árboles, son devorados con intensidad.

En esta ocasión el viaje va a servir para dos propósitos: la muerte y posterior soterramiento de Lolas, ella sabe que ha llegado su hora; a la par será el bautismo del benjamín del grupo, a quien todos llaman, cariñosamente, pequeñito.

El largo camino se hace especialmente fatigoso para los más ancianos y los más jóvenes. A la escasez de comida se une la falta de agua.

Se barrunta lluvia, pero al final, los cielos no sueltan ni una gota.

Unos 200 kilómetros antes de llegar al lago Victoria, los elefantes, presienten la presencia del agua. Tras diez días de unas extenuantes jornadas de corretear, llegan al lago. Allí encuentran las cataratas Livingston, llamadas así en honor de su descubridor.

Ya en las orillas del lago, se introducen en el agua, Lolas y pequeñto. A la mayor le corresponde presidir el bautismo del más pequeño.

Cuando salen del agua, el pequeño se integra en la manada y Lolas busca un lugar apartado, para iniciar su último viaje, cuando ésta muere, es rodeada por todo el clan, que cubren su cuerpo con ramas y barritan insistentemente.

El ciclo de la vida se ha vuelto a repetir.

Y colorín colorado, este cuentecico, –de vida y muerte–, ha finalizado.

Este relatillo está especialmente dedicado a Dª Irene Adler, a mí me sobran los motivos para hacerlo.

Jose Taxi.

También llamado Josma.

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