Cruce de caminos

Cruce de caminos

Hola, soy Josma. Mamá, Papá y yo, estamos de viaje disfrutando de de  unas bonitas vacaciones. Hemos tenido que dejar unos días a mi perro: Pastor, al que cuidarán las amigas de mamá; lo echo en falta, es mi gran compañero de juegos.

Tengo muchos amigos que me llaman cariñosamente gordito negro, a mí al principio eso me molestaba, pero mamá me dijo que soy más fuerte y más alto que ellos porque como muchos fideos, no hay alimento más bueno y nutritivo, me ha explicado, no como esos niños que se atiborran de carne y embutidos, y mi piel es más colorida, bonita y lustrosa porque tomo mucho el sol.

Llevamos ya más de dos semanas de viaje, en nuestra moto, que a Papá le cambiaron unos hombres del pueblo, por su coche último modelo, que ya no necesitábamos. Que gente tan buena. Al principio creí que me iba a aburrir, pero estoy todo el día soñando con las maravillas que veré cuando lleguemos a nuestro destino, animales salvajes, ríos caudalosos, lagunas de aguas azules…Seré más feliz que nunca, aunque aún no haya llegado: Pastor.

No recuerdo ahora el nombre de la ciudad a la que íbamos, pero esta mañana, cuando tuvimos que empujar la moto, se le había acabado el agua, tenía mucha sed y no funcionaba, llegamos a un cruce de caminos, con nombres de pueblos: Norte, Sur, Este y Oeste. “Josma escoge nuestro destino” me dijo Papá. Siempre me deja a mí las decisiones más importantes, me puse nervioso, “no te preocupes Josma” me advirtió Mamá, “seguro que eliges bien, siempre tienes mucha suerte”.

Yo no lo tenía claro, pero me decidí, entre las risotadas de ellos y sus aplausos, por ese pueblo llamado Sur, y hacía allí nos dirigimos.

Tardamos unos días en llegar pues Papá le daba mucha agua a nuestro caballo mecánico, pues estaba muy sediento, no funcionaba bien y había que seguir empujándolo.

Una noche, en que Papá había hecho una fogata y Mamá guisaba una estupenda sopa, con hierbas mágicas, recogidas por el camino, nos fuimos pronto a dormir, esperando que a la mañana siguiente llegaríamos a Sur.

Así fue, a media mañana, con nuestros mejores vestidos de plantas naturales, nuestra motocicleta y nuestra hermosa piel morena, llegamos a Sur. Al principio me extrañé, no había salido nadie a recibirnos, pero de pronto la calle se llenó de festejos: unos hombres lanzaban estruendos por unos cañones metálicos, las mujeres tocaban unas cacerolas con unas cucharas, los niños cantaban unas bonitas palabras: “Fuera, Fuera, putos cerdos negros”.

Yo no podía estar más contento, hasta se me saltaron las lágrimas de felicidad, sólo me faltaba Pastor, que llegaría en breve.

Toda la gente nos atrajo hacia una casa muy rica, llena de ventanas con persianas y cortinas, y una puerta tan grande, como la que Mamá vio una vez, en casa de sus señores, durante su infancia, aquello era un sueño.

Papá se acercó a la casa y de pronto salieron una mujer muy alta y muy guapa y un Señor que la acompañaba, luego me dijeron que se llamaban Alcaldesa y Concejal, unos nombres un poco raros, pero muy sonoros, seguro que no había personas más buenas en el mundo.  

Estuvieron un buen rato, hablando con Papá, dándonos la bienvenida, hacían gestos amorosos, extendiendo sus manos, enseñando los dientes al sonreír y diciendo unas palabras de bienvenida. Concejal hacía gestos bonitos, como si fueran unos abrazos, supe que allí seríamos felices.

Tras un buen rato, volvieron a sonar los truenos de la bienvenida, las cacerolas y los pitos que llevaban los chiquillos en las bocas, que alegría tenía yo.

Llegó Papa, sonriente y con cara de satisfacción, “Mamá, Josma, estas personas tan amables y simpáticas, nos han reservado una casa especial” algo más alejada, para que no nos moleste nadie, llena de comida y de agua para nuestra moto, creo que dentro de unos días deberíamos volver para darles nuestro agradecimiento.

Ahora hay que seguir el camino, no es largo, pero me han advertido que tal vez haya un juego, otro cruce de caminos, en el que haya que escoger por cual seguir, a ti, Josma, eso te encanta, sonrió.  Papá mientras me hacía un guiño con el ojo. “¡Ah! -añadió- me dicen que llevemos cuidado para no repetir la elección, pues volveríamos aquí”. “Sí Papá”, contesté.

Yo esperaba nervioso por llegar y que nos enviasen a Pastor, iba a ser mágico, las mejores vacaciones de mi vida, no las olvidaría nunca, estaba seguro.

Y colorín colorado este cuentecico se ha acabado.

Josma

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