El BARDO IV.

El BARDO IV.

Iban pasando los días y el roce, que hace el cariño, también ayudaba a que nuestros famosos primos, encontraran más aceptación en la aldea.

Con la intercesión de Karabella, que, según las malas lenguas, amenazó con suicidarla, le vieja Merétrix, albergó a los dos jóvenes, incluyendo en el lote, el desayuno, la cena y algún que otro pellizco que les daba donde la espalda pierde su casto nombre.

Daeron no hacía sino perseguir a Panorámix, a la caza y captura de algo de poción mágica. Un día se atrevió a pedirle al viejo druida, un par de toneles de poción, éste se negó, le explico que cada cuatro lunas la poción perdía sus efectos, así que por ahí no encontraría la solución.

Por su parte Faetón intimó con Obélix, su perro Ideáfix, era toda una monería. Él en la hacienda que tenía en el campo criaba caballos, perros y gallinas.

Casualmente una tarde en que Daeron acompañó a los chiquitos en sus aventuras campestres, se entero que, el bueno de Obélix era aquel legendario héroe, que cayó en la marmita. A la primera elaboración que hiciera el druida, “casualmente” él se dejaría caer en la hoya.

Pero pasaba el tiempo y no se producía la ansiada contingencia. Así que el joven bardo se dedicaba a componer letras para una nena de su pueblo, de la que pensaba haberse enamorado.

De la poca poción que le quedaba nuestro bardo le dio unas pequeñas dosis. A Asurancetúrix, que poco a poco mejoraba en sus cánticos.

Obélix, se aburría, así que una mañana, la del alba sería, se acercó al campamento romano, que “dominaba la aldea” y pegó, a su manera a unos cuantos romanos.

Corriendo se fue a su poblado avisando de la pronta llegada de una represalia, así que Panorámix comenzó a preparar su puchero.

Tal y como tenía pensado Daeron, una vez frío el mejunje, se dejo caer en él.

Llegaron los romanos, que parecían no escarmentar nunca, y recibieron lo suyo y lo del resto.

Para celebrarlo esa noche hubo una gran cena, pero esta vez, amenizaron la velada los dos bardos.

Y colorín, colorado este cuentecico—definitivamente—se ha terminado.

José Taxi en colaboración con Josma.

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