El final

El final

Salí de las oficinas, tras una intensa media hora de discusión telefónica con un accionista de Chicago, me crucé con Agapito Pacheco que me dijo:

            — No tengas prisa, todo se ha acabado, han ganado los malos.

            — ¿Cómo…? Es imposible estaba todo previsto para que el final no fuera ese.

Agapito no se molestó en contestarme, se encogió de hombros y siguió su camino.

Subí a mi jeep y me dirigí al campo de batalla, al llegar observé que las pocas personas que quedaban, paseaban cansinamente, bajo un sol de justicia, noté en mi boca un sabor a óxido y llegó hasta mí un olor a azufre, vomité.

Cuando me recuperé seguí en busca del director, joven promesa del cine patrio, descendiente de Sam Peckinpah y especialista en comedias ligeras. No lo encontraba, casi estuve a punto de abandonar mi tarea, cuando lo distinguí, a duras penas, en el decorado del Saloon del pueblo. Al entrar percibí un olorcillo a wiski de garrafón, realmente nauseabundo.

Me acerqué a su vera y le pregunté por lo sucedido. Me miró de arriba abajo y exclamo: “Ha sido culpa de lo puto guionista”.

Su afirmación me dejó algo desconcertado, nuestro equipo de guionistas para aquella super producción, había costado un pastizal, habíamos seleccionado a lo mejorcito del panorama internacional.

Su explicación me dejó pasmado, intervine en el casting de escritores y puedo afirmar, que fue una selección limpia y transparente.

Te veo extrañado—me indicó–, no estés así, las cosas pasan porque tienen que pasar y punto y pelota.

Me fui de allí, cabizbajo y deshecho. Realmente no entendía nadie.

En esas estaba cuando me cruce con Marta Martínez, ayudante de dirección que me confirmó, las impresiones del director. La joven, al final de su explicación me dijo: “Y ahora tu te preguntarás, ¿Qué ha pasado? Te lo cuento: Tú amiguito, el de la Torre, el que contratasteis por expresa indicación tuya, para amoldar el guion a las contingencias del rodaje, se equivocó y cuando tenía que haber escrito un NO como una catedral, puso un sí. En fin, supongo que una mala tarde la tiene cualquiera. El cambio de esa simple palabra ha modificado todo el desarrollo de la trama y los malos han ganado.”

Joder con el Guillermo, para una vez que recomiendo a una persona… Aunque tal vez, esa podía ser la estrategia de marketing para promocionar la peli, la primera aventura del oeste en la que ganan los malos…

Y colorín colorado este cuentecico, — westerniano–, ha terminado.

Jose Taxi & Josma

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