EL MISTERIO DEL N.º 5.

EL MISTERIO DEL N.º 5.

Llamó a la puerta de mi oficina un tipo, preguntando: ¿Hortensio Bizarro?

–Si señor, ¿en qué puedo ayudarle?

— Verá Hortensio, esto es un poco… vergonzoso… humillante…dramático, para mí.

— No se preocupe y cuénteme el motivo de su inquietud.

–Pues mire Sr. Bizarro, creo que mi esposa me engaña.

–Pero, ¿tiene pruebas de ello?

–Ninguna, por eso he venido a verlo.

— ¡Chico listo! ¡Si señor!

— ¿Y, que necesita un servicio total o parcial?

— No lo sé, pero por dinero no hay problema.

— Pues me centro en el completo que incluye: seguimiento las 24 horas del día, fotografías y videos, que podríamos subir a Youtube, en caso de necesidad, tendría que pagarme billetes de avión, si se precisan, y lo que además pueda hacer falta, previa autorización, por supuesto. de su parte. ¡Ah! Mis honorarios consistirían en: 15.000 € por anticipado, 300€ diarios más gastos. Independientemente de los resultados al final tendría que abonar 225.000€. Por supuesto todo ello a cobrar en negro y sin sobrecitos, no la vayamos a liar parda.

— Me parece bien.

— Dígame su nombre.

— Si es: Simplicio Gómez Moscardó.

— Ahora el de su señora.

— Ella se llama: Cuca Pereda de Los Monasterios.

— Falta que me mande, por email. unas fotos de su mujer, en el mayor número posible, incluyendo alguna en toples, por si consigo hacerle un robado en alguna playa.

Lo cierto es que al día siguiente “el Simplicio” me mandó las fotos, su Sra. era una mujer espectacular: elegante, guapa, con un cuerpazo… vaya que podía ser el deseo secreto de cualquier hombre.

La investigación se retrasaba, en parte porque Cuca era muy escurridiza, en parte porque yo alargaba el asunto, astutamente, que uno era ya zorro viejo, para incrementar mis dineros.

Aproximadamente a los quince días la pillé saliendo de casa, vivía en Pedralbes, fue dificilísimo seguirla, ella en un flamante descapotable, yo en mi nuevo patinete eléctrico, que estaba aprendiendo a conducir y en el que como mandan los cánones iba sin casco.

Al cabo de media hora aparcó su coche en un parking privado.

La vi salir, empezó a caminar entre la gente, que paseaba por las Ramblas. La seguí con cierta dificultad, sorteando viejas y niños. ¿Qué derecho tenían para entorpecer la circulación?

Finalmente entró en una carnicería, me pareció extraño que una mujer de su alcurnia, comprase directamente en una tienda así, pero ya se sabe, para gustos colores.

Entré en el local y no estaba, me sorprendí, pregunté por ella, la carnicera me dijo que había ido al baño, y que el paquete que había al lado del mostrador era para ella. Así que esperé, pero se agotó mi paciencia.

–¡Miré Sra. soy Policía! De la brigada de salud pública, le dije, al tiempo que le enseñaba mi placa, naturalmente falsa, ésta la había comprado en un bazar chino, tiene dos opciones: la primera es conducirme hasta donde esté Cuquita, la otra es que yo le levanté unas actas y que tenga que cerrar el local, a perpetuidad, así que usted elige.

La carnicera era de naturaleza sabia y me dirigió donde estaba la Señora Cuca. Abrió la cámara frigorífica, la recorrimos hasta el final, volvió a abrir una puerta similar, empujó otra de madera, y entonces me dijo: “ahora siga usted solo… en este sector le aplicarán germicidas y luz ultravioleta que le pueden dejar estéril”

Seguí sus instrucciones y tras ser sometido a tan rigurosa desinfección abrí otra puerta, ésta era la última.

Allí me encontré una habitación muy amplia, con dos camas de hospital, un carro de urgencias para paradas cardiorrespiratorio y abundante material quirúrgico, En la cama se encontraba Cuca, a la que le estaban inyectando en vena un par de goteros.

Nada más verme me saludó con un: ¡Hola mi perseguidor favorito!

— ¡Señora no se confunda” He cursado cinco años del entrenamiento del FBI, si bien he de reconocer que en “camuflaje y despiste” asignaturas de cuarto año, dotadas con 6 créditos cada una, ¡tan sólo pude aprobar con un 5 raspadito!

— Bueno Hortensio, ¿Qué quiere, por qué me persigue, por qué es tan cansino?

— ¡Quiero saber qué hace aquí! ¿Qué son esos goteros’

— Uno de ellos es de suero fisiológico y el otro, de esencia de perfume.

–¡Pero eso es tóxico! Exclamé con aire preocupado.

— Intervino entonces, una Sra. mayor, casi una anciana, ¡Mire jovencito, no vuelva a mentar la palabra tóxico!

— Por algo soy Dra. en Medicina y Dra. en Veterinarias, profesiones que se complementan a la perfección, pues como hay personas que parecen salvajes y animales que son, más humanos que nosotros, pues miel sobre hojuelas.

— ¿Qué le está inyectando a Dª Cuca?

— ¿No es exactamente esencia de perfume, es solamente esencia?

— ¡Me deja pasmao, Sra. Doctora! ¿No será esencia de benceno?

— No sea animal Hortensio, es esencia de colonia.

— ¡No creo que estemos avanzando, querida Cuca!

— ¡Mire Hortensio, acabemos de una vez, cojones! Es esencia de Chanel número 5. Y antes de que vuelva a dar coñazo con si es una inyección tóxica o incluso letal, le diré: ¡NO, no lo es!

— La Dra. Antúnez controla todo el proceso de fabricación, utiliza diferentes filtrados, incluido el de carbono catorce. Además, tengo instalado un reservorio debajo de la axila izquierda, de modo y manera, que tengo que venir a rellenarlo cada catorce meses, aproximadamente, en función de la temperatura ambiente, a más calor más rellanados, ¿lo entiende vil botarate?

— Además se preguntará, o debería hacerlo, por los motivos que tengo para utilizar este truquito, llamémosle así. Es muy sencillo una dama elegante y lozana, debe oler siempre bien. Así no necesito ir cargada con el perfume en mi bolso, y si pierdo el bolso, pues sigo oliendo de puta madre, ¿lo entendió ya, mamonazo?

— Sí Sra. Mía. Así las cosas, a su marido le cuento la verdad.

— ¡No! Dígale que le soy infiel, muy infiel. ¿Pero, necesitará pruebas gráficas?

— Por eso no se preocupe, la hija de mi portera, es un hacha con los programas de edición audiovisual.

–¡Encantado Cuca!, si alguna necesita mis servicios, puede localizarme en mi email soytonto@soytanto.es

— Hasta pronto y encantada D. Hortensio.

 

Y colorín, colorado, este cuentecico—perfumado–, se ha terminado.

Josma

También llamado: Jose Taxi.

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