Guacha.

Guacha.

Desconocía el significado de esta palabra, hasta hace dos días, cuando mi amigo Humfemio, me dijo que aún no conocía a mi sobrina. Le pregunté por el significado del término, me dijo que en castellano antiguo se denominaban así, las jovencitas solteras, pero no acabé de creerlo, Humfemiete es poco fiable.

Esta mañana me he acordado del palabro en cuestión, casi olvidado, he consultado el diccionario y, siendo muy benévolos, lo que mas se acerca a la propuesta de mi amiguito, es el guano de pingüino. No iba yo, por tanto, muy desencaminado.

Al llegar a casa, un poco antes de lo habitual, pues se había suspendido, la terapia de grupo a la que asisto,  por causas no imputables al hospital, de modo que abanderé una reclamación de responsabilidad patrimonial contra el presidente de la finca. ¡Jódete Andrés!, ya te lo venía diciendo, no se puede tener contratado un seguro con tan pocas coberturas, ¡Es inaceptable!

En mi familia somos cuatro: mi esposa, mi hija, mi sobrina y yo, se me olvidaba contarme a mi mismo. Pues era miércoles y, como de costumbre, mi mujer estaba en clase de inglés, mi hija había vuelto a sufrir un pinchazo, en su flamante y modernísimo coche, recién comprado, y mi sobrinita, estaba en su séptimo o undécimo, curso de fin de masters, llevaba realizados no recuerdo cuantos, éste era sobre la cría del caracol, de eso estaba seguro.

Total, que me enfrentaba yo sólo, sin guacha de ninguna clase a la que acogerme, a la para mí, inalcanzable tarea de preparar la comida, por no servir, no sirvo ni para abrir unas latas.

Con dos llamadas de móvil, resolví el problema, en cinco minutos se personaron, en casa, cual un solo hombre, Humfemio y Andresete. Dirigiéndome a este último le pregunte: ¿Sin rencores, Andresico? Parece que aceptó, no pegó ningún ladrido, en fin el desarrollo de la comida nos lo diría.

Chavales de bodega andamos sobrados, es corta pero selecta: tenemos desde un Don Simón, hasta un amontillado portugués, sin denominación de origen, ciertamente si la tuvo, la perdió. ¿Qué os parece? No sé qué pensaron, pues no dijeron media palabra.

¿Quién se encarga de la pitanza? Con una velocidad que rayaba la de la luz, Humfemiete contestó: ¡A mi me salen unas guachas excelentes?

Mira querido, te lo digo sin acritud, pero ¿Por qué no os vais tú y tus guachas a la mierda?

Resolvimos la comida con una tortilla prefabricada, que, por cierto, no valía nada y un poco de pan duro, que guardaba en el congelador un par de meses, el microondas no funcionaba.

Pasamos del postre, pero no perdonamos una buena copa de ron “La Guacha” y un excelentísimo puro habano.

Y colorín colorado, este cuentecico—con Guacha incorporada—se ha terminado.

Josma.

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