Las gafas

Las gafas

(Tonticuento en do menor, interprétese lento ma forte.)

Se vuelve a sentar ante el ordenador y encuentra sus gafas, que dejó caer encima del teclado. Ha pasado una mala noche, apenas dos horas de sueño, se ha levantado a las cinco de la mañana, harto de dar vueltas en el lecho, ansiando el primer café y el primer cigarrillo del día.

Ahora son las ocho y media, ha bebido ya dos cafés, el cenicero lleno de colillas, le indica que sigue fumando en exceso. Es que es así de rarito, para dejar el tabaco hace un par de semanas se compró un zippo, siempre le gustaron los mecheros de gasolina. ¡Qué conducta tan inteligente…!

Una vez más se enfrenta a la página en blanco, cambia entre las lentes progresivas y otras, específicas para leer ante el portátil, que le entregaron como regalo de las primeras. Pero hoy no parece ser su día, no se concentra, no avanza, pierde el hilo del relato.

Sabe que lo del mal dormir lo lleva fatal, se destempla, se le revuelve el estómago, le empieza a doler la cabeza. Podría echarse un rato, pero intuye que no podrá conciliar el sueño. Sabe que su insomnio, de no resolver el problema a tiempo, puede conducirle a otra crisis maníaca, sería ya la quinta, así que decide distraerse. Sale a la terraza, ve el río, que estos últimos días ha traído mucha agua, ahora comienza a secarse y enseña sus tripas, llenas de cañas, de plásticos, de detritus humanos que lo contaminan.

Vuelve a la cocina, el lugar en el que escribe, ha tenido otra brillante idea, enciende otro cigarrillo, que solución más apropiada.

Se cansa de escribir, pero se aferra a esa actividad frenéticamente, es lo único que lo mantiene en contacto con el mundo de los vivos. Lleva muy mal su soledad… Antes le encantaba leer, pero ahora, por una razón incierta, no consigue hacerlo. Inventa, inventa, inventa sin parar relatos, cuentecicos, unos más acertados, otros no tanto y algunos totalmente desnortados. Todos ellos le exigen concentrarse, no estancarse en sus pensamientos circulares, emborracharse de palabras, es un pobrecito escribidor.

Decide tomar otro café, se levanta hacia la cafetera, no sin antes dejar, otra vez más, las gafas olvidadas en el teclado de su laptop.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.