¡Libérate, libérate!

¡Libérate, libérate!

–¡Rafael! ¡Rafael! Ven a comer…

–¡Ya voy madre, ya voy!

— ¡Venga, date prisa, que no me comes nada!

— ¡Que voy, ya se lo dije!

— ‘Qué cruz de hijo tengo! Ya me gustaría que fueses como tu primo, el culturista.

— ¡Pero madre! Si ese pierde aceite, a chorros.

–¡Bueno pues no tardes, que el potaje se enfría y no vale nada!

Rafael, como buen hijo que es, se come el potaje entero, rebañando el plato con una hogaza de pan, y haciéndolos pasar por su gaznate, gracias a unos tragos de vino, mezclados con tonti-cola. Le entra una modorra insoportable, así que se deja caer en el sofá, estratégicamente situado ante la chimenea y como quien no lo quiere, su gato llamado perro, busca cobijo entre sus piernas. Sin apenas darse cuenta se duerme y sueña, sueña con…

Un hombre, alto, guapo, vestido con un traje barato de faralaes, pero sin cola, lleno de pulseras baratas, parecen de plástico, y una peluca rubia, que debió conocer mejores tiempos. Debe ser su padre, al que no conoció, pero del que las malas lenguas del barrio, aseguran que marchó de casa, cuando Rafael era muy pequeño, acompañando a un Capitán de barco, de la marina mercante, rumbo a Guinea. Sólo sabe que su madre no ha conservado ningún recuerdo de él. ¿Se sentiría despechada o, tal vez agradecida, porque el marino se lo quitase de encima?

–¿Hay alguien en casa puedo pasar?

–¡Si Juan Manué, estoy yo! ¿Acaso no me has visto?

— ¡Y no!  ¡No puedes pasar! Nano, ¡si ya estás dentro!

— ¡Me pillaste Rafael… Ti, ti, ¡ti traigo buenas noticias!

— ¿Ya te has vuelto a enganchar?

— Si, me he puesto nervioso.

— ¿Nervioso, por qué? ¿Ansiedad, otra novia que te dejo, por no saber susurrarle palabras de amor?

–¡Qué no hombre, que no! El miércoles tenemos una audición.

— ¿Seguro, no me engañas?

— Seguro, si el tiempo, el TOP y la autoridad no lo impiden, pasado mañana, tenemos que presentarnos en radio HK-666, para una entrevista.

— Audición, ¿dices? Pero si tu mismo me convenciste para no acudir a las dos últimas.

–Ya Rafael, pero las cosas cambian, y mis bolsillos están vacíos, hasta de aire.

— ¿Y que canto? No tengo nada preparado.

— Tranquilo Rafael, por un mínimo porcentaje del 75 % yo te hago la música y las palmas, ya sabes que voy con la guitarra encima, excepto cuando entro en el wc.

–¿Y la letra qué?

— Eso es más complicaete. Aunque he encontrado un pasquín en la puerta del Ayuntamiento, que dice:

Libérate, libérate
Ser «sexual» no es un delito
No lo calles
Lanza el grito ¡Yyyyyy!

Libérate, libérate
Si estás vivo
No estás muerto
A darle gusto a tu cuerpo

— Si Nano, pero eso no pasa de ser un mal estribillo. ¿Qué más podemos añadir?

— Rafa: ¿Semos o no semos artistas?

— ¡También es verdad!

— Perfecto, te recojo el miércoles, a las cuatro de la madrugada, vamos en tu 2cv y, por el camino acabamos de completar la cancioncilla.

— Gracias Juan Manué no sé que haría sin ti.

 

Y colorín colorado, este cuentecico musical, se ha terminado.

 

 

Josma

 

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