MUERTA

MUERTA

La encontraron colgada de una viga, con la correa de los vaqueros. No dejó ninguna nota, nadie daba crédito a aquel acontecimiento.

Nuestras vidas se vieron afectadas por el suceso: la llegada de la policía, el registro general de todo el piso, el alzamiento del cadáver. Nunca nos preguntó nadie, sin embargo, Bombón y yo lo habíamos visto todo.

La familia muy afectada por su muerte no apareció por el tanatorio, algo de morro le echaron, todo hay que decirlo.

Los escasos avances en la investigación, motivaron que le indicásemos al albacea testamentario, la posibilidad de contratar un investigador privado. La decisión fue positiva, el tiempo demostraría que nuestro consejo fue acertado.

De esta manera entro en nuestras vidas la criminóloga Virtudes San Patricio. Era una muchacha joven, aún no había cumplido los cuarenta años, alta, morena, con unos ojos muy bonitos y que olía muy bien.

Desde el principio a Max y a mí, nos trató muy bien, nos sacaba a pasear y nos premiaba con chucherías, eso que puede parecer insignificancias para muchos, para los perros son acciones muy importantes.

Pero la investigación no progresaba, nerviosos, casi desesperados, nos encontrábamos nosotros que conocíamos la verdad de aquel suicidio.

Una tarde se presentó, sin avisar, Germán Alcocer, el padre de Virtudes. Por aquella época nosotros vivíamos ya con la criminóloga, era más cómodo para todos. El papá de Virtu había trabajado como adiestrador canino y, por increíble que pueda parecer, dominaba el bombonés. El problema es que este hombre se había quedado mudo, sin causa conocida

Bombón y yo nos alegramos muchísimo, Germán le dio clases a su hija, por señas, que rápidamente, la chica tenía facilidad para los idiomas, llegó a entendernos.

Le contamos el falso suicidio de nuestra ama y que la homicida había sido Mari Puri, la vecina del quinto, que era una falsa y envidiosa, experta en hijoputología. La artista era muy peligrosa, Virtudes llamó a la Comisaría Central, preguntó por el subinspector Saavedra. A la media hora teníamos allí dos coches policiales, con Saavedra al mando. Vino también, el Inspector García, recién llegado de su viaje de novios.

La detención fue complicada, la vecinita del quinto amenazó con suicidarse, pero la habilidad de los chicos de la brigada de homicidios solventó el asunto.

Le hemos pedido a Virtu que nos lleve a clase, queremos aprender humanés, nos parece de justicia.

Y colorín colorado, este cuentecico—bombonés –, se ha terminado.

Jose Taxi & Josma.                     

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