¿Quién es Jose Taxi?

¿Quién es Jose Taxi?

Capítulo I. Nostalgias.

Hace años me hubiera definido como un interrogante con patas, pero el tiempo no perdona, así que ahora me costaría mucho delimitarme, en unas pocas palabras.

Podría decir que soy un taxista jubilado, un amito de su casa, o un chiquilicuatre, pero habría parte de verdad y, al mismo tiempo, no sería del todo cierto.

¿Por dónde empezar? Por el principio sería muy largo, por el final no me apetece, así que iré a mi bola.

Los hechos más importantes de mi vida pueden ser datados en 1984,1987 y 1989, creo, pero lo consultaré con las autoridades, antes de la publicación de este cuentecico. En todo caso serían la fecha de mi matrimonio y el nacimiento de mis dos hijos. He sido siempre muy familiar, aunque en este, como en muchos ámbitos de mi vida, no he sido ejemplo de nadie, ni de nada.

En ocasiones pienso que estoy cansado de vivir porque: lo he hecho durante mucho tiempo, así que he: respirado, bebido, comido, estudiado, trabajado… — o a lo mejor no es eso–, sigo siendo muy inseguro.

Con lo mucho que he vivido, que poquito que he viajado, exceptuando cuatro veces que he salido al extranjero. Estuve en Ceuta, con ocasión del viaje de fin de curso del bachiller superior; fui con mis suegros y mi novia a Italia; pasé por Francia, — en una ocasión en que íbamos a Andorra–, era más rápido dar un rodeo que esperar el acceso desde España. La última fue, seguramente la mejor, sucedió cuando estábamos alojados en Huelva, con ocasión de la presencia como tribunal de unas oposiciones, de mi esposa y madre de mis hijos. Como teníamos mucho tiempo libre, una mañana decidimos cruzar la raya con Portugal, aquí no había ni frontera ni nada, antes de nuestra llegada a Portugal pasamos por un desvío que indicaba el acceso a Lepe, que no era el de los chistes sino un bonito pueblo, que jamás visitamos.

Nunca olvidaré que, a la vuelta, yo estaba sudoroso y sediento, así que paramos en un pequeño barecito de carretera, donde conseguí una naranjada con burbujas, a base de leer y releer el cartel de las bebidas que servían, al final tuve éxito y di con la solución, había que pedir: “refrigerante do lata

En cuestión de pelas nunca he tenido muchas, eso sí hemos tenido que soportar más de un bajón en nuestra economía familiar. Aunque en este asunto, como en muchos otros, mi padre me dio una lección ejemplar cuando me pregunto:

–¿Tú sabes para qué sirve el dinero?

Yo me quedé pensativo, sabía que dada la talla de mi progenitor, la respuesta tenía que ser, casi extraordinaria.

–¡No te agotes más, muchacho, el dinero sirve para hacer felices a los demás!

Su respuesta a mí me pareció de una belleza sublime, aunque supongo que algunos considerarán, que esa es la causa u origen, de mis desvaríos mentales. Y es que todos sabemos que para gustos colores.

— ¿Qué pasa Taxi, por qué no suelta una de sus tonterías?

— Todos tenemos una mala tarde, y tranquilito que volveré.

–¡Guau! Contesta el desconocido.

— Llegaré tarde, espéreme despiertos y echaremos unas copas.

Y colorían colorado, este cuentecico –nostálgico–, se ha terminado.

 

Josma

 

(To be continued…)

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